El Telesto
Archivado en General • Fecha: 01-09-2005 14:56:07
El nombre del barco no es casual, fue bautizado así en honor a su “hermano gemelo”, ese otro barco creado en los mismos astilleros unos años antes con los mismos planos y que posteriormente se haría tan famoso como su famoso capitán de nombre parecido al mío.En la popa del Telesto transportamos dos pequeñas joyas imprescindibles para mis investigaciones: el Hermes y el Caroonte.
El Hermes es un minihelicóptero con el que poder sobrevolar el mar del Amor y poder divisarlo así a vista de pájaro, desde una óptica distinta, lejana. A veces es necesario “alejarse” un poco de los sentimientos y analizarlo todo desde “fuera” más fríamente.
Para esos casos uso el Hermes, al que bauticé así en honor del mensajero alado de los Dioses que surcaba los cielos con gran celeridad gracias a su casco y botas con alas.
Pero el verdadero protagonista es sin duda el Caroonte. Se trata de un pequeño submarino (batiscafo, para ser más exacto) con el que realizo mis inmersiones. Sumergirme en las profundidades y abismos del Amor me parece algo tan fascinante y misterioso como ese viaje que hacían los antiguos griegos cuando morían, a través de la laguna Estigia. Tengo la costumbre de ponerme una moneda bajo la lengua cada vez que entro en el Caroonte, tal y como hacían los griegos con sus muertos para así poder pagar al tal Caroonte, el barquero que les llevaría a la entrada del inframundo. Adentrarse en lo más profundo del corazón es ese descenso a los infiernos de nuestra alma más íntima. Un viaje peligroso, interesante y, por qué no, necesario.Les invito al Telesto. Y al Caroonte. A que buceen en su corazón, en sus relaciones, en su sueños, los que consiguieron, los que aún esperan su turno y los que, irremediablemente se quedaron en el camino. Puede ser duro. En las profundidades hay de todo y está muy oscuro, pero también pueden encontrar lo que siempre han buscado. No olviden la moneda.