El póquer de los capitanes
Archivado en General • Fecha: 12-08-2005 21:21:04Los jueves, cuando no estamos todos en alta mar, solemos juntarnos a jugar una partida de póquer. Ayer estábamos casi todos: el capitán Nemo, el capitán Haddock, el capitán Pescanova, el capitán Edward John Smith y un servidor. El capitán Ahab no pudo venir, pero casi lo prefiero, no nos llevamos mal, pero cuando empezamos a hablar de ballenas nuestras posturas se tornan irreconciliables.
La cita de ayer fue en casa del capitán Pescanova y, como viene siendo habitual, la tunda de póquer no era más que una excusa para estar juntos y contarnos nuestras respectivas batallitas. La velada fue amena, al principio, mientras unos se dedicaban a prepararnos unos magníficos aperitivos (Nemo trajo unos chipirones enormes mientras Pescanova preparaba palitos de merluza) y otros a las bebidas (Haddock abría el whisky y Smith se encargaba del hielo) yo me dediqué a ir preparando la mesa para la partida. Mientras extendía el tapete verde y sacaba las cartas comencé a pensar de nuevo en mis investigaciones y proyectos y a pensar en el Amor en que yo había navegado y en qué Amor habrían navegado mis ilustres colegas.
Comenzamos la partida y no dejé de pensar en lo mismo. Tantas noches jugando al póquer, hablando de aventuras extraordinarias, pero nunca habíamos hablado de la que, a mí, me parecía la más extraordinaria de las aventuras: el Amor. De Haddock siempre he dudado de su capacidad para amar a algo que no fuera una botella de “Loch Lomond”, pero seguramente me equivoque. Pescanova pienso que sería un padre fabuloso si encontrara el Amor y fundara una familia, me encanta imaginarlo en una mesa rodeado de chiquillos y sirviéndoles la cena. Nemo está demasiado loco como para perder la cordura por una mujer, una cordura que no tiene, aunque quizás sea hacia el que siento mayor proximididad, ese estar siempre sumergido en las profudidades me recuerda a mí mismo cuando decido sumergirme hasta lo más hondo del corazón para intentar comprender sus secretos. Y mi buen amigo el viejo Smith, sin embargo, podría ser un buen reflejo del Amor, pues ¿qué es ahora, si no el espectro de un pasado glorioso, de alguien que viajó (y gobernó) lo que dicen era lo más hermoso del mundo? Sí, sin duda él y su barco sean una metáfora perfecta del Amor, a bordo de él nos sentimos a bordo de lo más maravilloso, pero basta un poco de hielo para hacernos zozobrar y hundirnos, (como hizó el), con toda la maravilla que hemos creado. Smith ya no podrá volver a amar porque está muerto, aunque su fantasma se siente con nosotros cada jueves a jugar al póquer. Pero los demás aún estamos vivos. Y un ser vivo es un ser que ama.
Y que juega al póquer, aunque sea tan rematadamente mal como yo anoche. Volví a perder. Tendré que consolarme con eso de “Desafortunado en el juego, afortunado en amores”. Aunque no sea verdad.
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Comentarios
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Estimado capitán: la gente cada vez me sorprende mas. Ya no me hago historias sobre los papeles que mis amigos / amigas cumplirán en su libro del amor, porque siempre me equivoco.. Y lo de desafortunado en el juego .... vamos a dejarlo... :)
Pijomad — 13-08-2005 19:24:26
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Pucha estaba leyendo rebien y tuve que cortar, estaba bueno ..
Saludos ...Cristian — 17-08-2005 15:48:42